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15 / 02 / 2010
En 1997 se firmó el primer acuerdo internacional legalmente vinculante para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de todos los países industrializados, el Protocolo de Kioto. El acuerdo global garantizaba una reducción mínima hasta 2012, del 5,2 por ciento de las emisiones sobre los niveles cuantificados en 1990. Para su entrada en vigor se precisaba la ratificación de, al menos, el 55 por ciento de los países que formaban la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), responsables, a su vez, de más de la mitad de las emisiones globales. Esta condición se cumplió en 2004 con la aprobación de Rusia, lo que permitió en 2005 comenzar su aplicación.
Después de un periodo de prueba de tres años, 2008 dio el paso al primer periodo obligatorio, que se prolongará hasta 2012; cuatro años en los que debe alcanzarse el consenso necesario para la aprobación de los términos del futuro Tratado. No cabe duda de que el reto más importante será conseguir la inclusión de Estados Unidos, hoy la mayor economía del planeta y el segundo emisor de gases de efecto invernadero del mundo (sólo por detrás de China).
En el marco de la última Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, celebrada en Copenhague entre el 7 y el 18 de diciembre de 2009, se celebraron los encuentros de la 15ª Conferencia de las Partes de la Convención celebrada en Copenhague y la 5ª Reunión de las Partes del Protocolo de Kyoto, que sirvieron para sentar las bases de la negociación de la era post-Kioto. Dichos eventos se han convertido en los más caóticos, reuniendo numerosas manifestaciones de activistas del cambio climático y registrando una participación masiva que superó las previsiones del Bella Center, sede de la celebración.
Las negociaciones en Copenhague resultaron tremendamente complicadas, de hecho, no se llegó a un acuerdo hasta el último día de la celebración. Esta situación retrasó la tarea de los Jefes de Estado y de los técnicos especializados en medioambiente y en la gestión del cambio climático.
El resultado de la negociación se hará esperar. No existe una decisión firme hasta que las negociaciones, que se retomarán durante este año 2010 en México, tomen una dirección definitiva y lleven a cabo medidas vinculantes para todos los países participantes en la firma. Este, precisamente, era el objetivo principal que se perseguía con la celebración de la Conferencia en Copenhague sobre el Cambio Climático: la búsqueda de un acuerdo mundial sobre el clima con carácter vinculante, aplicable a partir de 2012 y que diera seguimiento al actual.
Las principales líneas debatidas en Copenhague fueron:
- Las fórmulas para mitigar el calentamiento global y reducir las emisiones de CO2 de los países en un 50% para el año 2050 y respecto a 1990.
- Los retos de adaptación a las consecuencias ya visibles del cambio climático como la deforestación y las medidas para paliar dichos daños.
- El grado de implicación que suponen las nuevas medidas para la Unión Europea, China, Estados Unidos o los países en vías de desarrollo.
- Las medidas que se van a llevar a cabo para apoyar económica y tecnológicamente a los países en vías de desarrollo.
Además, se acordaron las principales líneas de trabajo para futuras negociaciones en los siguientes términos:
- Se acogen al IV Informe del IPCC para argumentar la necesidad de una reducción de emisiones por considerarlas la mejor información científica sobre cambio climático, base de todas las discusiones políticas sobre el tema.
- Se acuerda que la reducción de emisiones se realizará progresiva, voluntaria y específicamente en cada país en la medida de sus posibilidades y teniendo en cuenta que el desarrollo social y económico y la erradicación de la pobreza son las principales prioridades y absolutas de los países en desarrollo y que un desarrollo de baja emisión es indispensable para el desarrollo sostenible.
- Se reafirma la responsabilidad común para reducir las emisiones, pero reflejando la diferencia entre países desarrollados y países en vías de desarrollo.
- Se acuerda que, en la medida de lo posible, se llevarán a cabo iniciativas que eviten la deforestación.
- Respecto a los mecanismos de desarrollo limpio (MDL), se apunta la necesidad de estimular las áreas con poca actividad de este tipo incidiendo en nuevos tipos de proyectos MDL. A pesar de que se ha producido en muchos aspectos, aún no existe una estandarización mundial pero comienzan a verse visos de que esto se produzca.
- Se reconoce la necesidad de contener el aumento de la temperatura media del planeta en dos grados, aunque no se fija ni el número de emisiones permitidas ni los procedimientos pertinentes para materializar dicha disminución, ignorándose las recomendaciones del IPCC.
- Se acuerda que, entre los años 2013 y 2020, los países desarrollados se comprometen a proporcionar hasta 100 000 millones de dólares, procedentes de fuentes públicas y privadas, sin más concreciones, para asistir a los países en vías de desarrollo en la adaptación e implementación tecnológica.
- Se decide completar el acuerdo en la próxima Convención, que se celebra en 2010 en la Ciudad de México.
No obstante y a pesar de estos acuerdos, no queda definido el rol de los MDL, ni tampoco los nuevos tipos de proyectos en los que pueden y deben involucrarse. Además, todas los acuerdos vinculantes y previos que pensaban renovarse se han retrasado, dando lugar a una normativa voluntaria y, por lo tanto, no vinculante.
Se han llevado a cabo pasos importantes en la arquitectura y objetivos, aunque también se ha puesto de manifiesto la carencia de objetivos firmes de reducción de emisiones. Todo esto viene a referenciar que, aunque la Convención ha contado con una importante participación política, pareciendo que en el futuro se transformará en una decisión firme, no se ha marcado ningún objetivo en estos términos ni para países en vías de desarrollo ni para países desarrollados. Probablemente, esto se producirá cuando Estados Unidos no defina su normativa en términos medioambientales.
Para evitar la catástrofe medioambiental, social y económica que supondría el calentamiento del planeta debido a un incremento sostenido de las emisiones de gases de efecto invernadero es imprescindible la firma de un acuerdo global post-Kioto. Un fenómeno global como este, sólo puede resolverse mediante un instrumento jurídico que comprometa a todas las naciones a luchar por un objetivo común: reducir sus emisiones.
El futuro acuerdo post-Kioto, para ser verdaderamente efectivo, deberá sentar las bases para la creación de un mercado de derechos de emisión aplicable a todas las áreas de la actividad humana, de forma que los precios de todos los bienes y servicios incluyan su coste medioambiental.
La puesta en marcha de un mercado de derechos de emisión global, donde el precio fluctúa, como en cualquier otro libre mercado, en función de la demanda existente, penalizará a quienes contaminen más y recompensará a los más limpios, ayudando así a alcanzar una reducción de las emisiones al precio más bajo para la sociedad. Sin un acuerdo y un compromiso unánime de todos, no podremos asegurar que las generaciones futuras disfruten del mismo planeta que nosotros hemos recibido.
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